La década de los sesenta representa quizá el periodo con mayor crecimiento y evolución de la Empresa. Cabría destacar: el crecimiento en puntos de venta que llegan a ser sesenta, el crecimiento de la plantilla de empleados que llegan a ser más de 3.000 y la incorporación de nuevas marcas y modelos a la oferta de productos. Como consecuencia de todo ello, tanto la propiedad como los órganos de dirección, se ven obligados a plantearse cambios en la organización y en los puestos de responsabilidad. Gispert ha dejado de ser una empresa familiar en términos de volumen de negocio, para convertirse en una organización compleja, que requiere un organigrama bien definido y un reparto de funciones que obliga a redefinir los puestos de dirección con áreas concretas de responsabilidad. Son diferentes los ensayos y pruebas que se hacen. Se incorporan a Gispert expertos en Organización Empresarial, Métodos y Tiempos. Ocurre que los hombres que han llevado a Gispert hasta donde está son buenos profesionales pero, al cambiar la dimensión de la empresa, deben también evolucionar como gestores de un negocio que tiene otros requerimientos. Ocurre también que los mercados han cambiado, unido a que la competencia ha evolucionado y está más organizada, el mercado se ha hecho maduro; es ahora un mercado de oferta y no de demanda. Los márgenes se han reducido. Hay que ser en más competitivos y estar mejor organizados para mantener una posición destacada. Finalmente, no son los hombres de fuera, salvo excepciones significativas, los que protagonizan el cambio. La organización consigue que sus mejores hombres se adapten a lo que los tiempos demandan y vuelven a colocar a Gispert en primerísima línea, renovada y con más potencia.